¿Existe la semiótica digital?

En la Facultad de Comunicación y, en concreto, en la carrera de Periodismo, estudié una asignatura cuyas enseñanzas hoy vinieron a mi memoria. Se denominada Semiótica de la Comunicación, y hacía referencia a una disciplina (no siempre considerada así) que estudia un sistema específico de signos, en este caso los de la comunicación.

Esos signos forman parte de un contrato “informal” entre los seres humanos, entre los miembros de una comunidad. Igual que si una persona no sabe hablar ni entiende el alemán no podrá comunicarse con otra persona, los signos forman parte también de nuestra capacidad de comunicación y solamente si emisor y receptor dan el mismo significado a un signo (sea del tipo que sea) será posible la comunicación entre ellos.

¿Qué nos quiere decir este japonés con una esvástica en la cabeza?

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Únicamente paz, aunque nos parezca impensable. La esvástica es uno de los mejores ejemplos para comprender la importancia de la semiótica. Los nazis se apropiaron de un símbolo muy utilizado y que desvirtuaron completamente su significado más profundo y ancestral.

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Umberto Eco, uno de los grandes estudiosos de la semiótica, lo explica también con este breve texto:

El Señor Sigma, sale de casa, busca con la mirada una señal particular que conoce muy bien: entra en un bar. Si se tratara de un bar italiano intentaría localizar un ángulo próximo a la caja, donde podría estar un teléfono, de color metálico. Pero como sabe que se trata de un bar francés, tiene a su disposición otras reglas interpretativas del ambiente: busca una escalera que descienda al sótano. Sabe que, en todo bar parisino que se respete, allí están los lavabos y los teléfonos. Es decir, el ambiente se presenta como un sistema de signos orientadores que le indican dónde podrá hablar.”

Umberto Eco, (1976). Signo. Fragmento

Pues bien. El caso es que me vino a la cabeza una pregunta: ¿Existe la semiótica digital? Es decir, ¿existen una serie de signos que únicamente se dan en el universo digital y que sin su comprensión la comunicación no puede llevarse a cabo?

Y cuando me he puesto a investigar, he descubierto que Carlos A. Scolari se había hecho la misma pregunta que yo, a la que intenta dar respuesta en su artículo Digital Eco-Logy. Y es que está claro que los hipertextos sin ser ni textos ni imágenes sino números e interfaces, se muestran al mundo como estamos acostumbrados  a reconocerlos, pero ¿y si nos mostraran el lenguaje html? ¿Sabríamos decodificarlo?

Como explica Daniel Bougnoux en su Introducción a las Ciencias de la Comunicación, “el hombre desciende más del signo que del mono (en francés, signe)”. Y continúa: “El imperio de los signos duplica el mundo natural, la semiosfera (que integra la cultura en general) contiene a la biosfera (la naturaleza, el mundo animal, vegetal, etc.)”.

En la Red se reproducen sin duda los signos y símbolos que controlan cada día nuestras vida, pero también existen otros nuevos: propios de la cultura digital y que su narrativa. ¿Todo el mundo sabe que significa esto #ayudanepal? Posiblemente no. ¿Y esto? lbernal@gmail.com Posiblemente, tampcoo. Aún recuerdo cómo mi tía abuela Águeda nos explicó que había intentado mandar un email y que había escrito luisgonzalez y después un “ovillico” porque, para ella, nuestro ‘arroba’ era un ovillico.

¡Y esa es la belleza de los nuevos lenguajes y sus nuevos significados!

Lenguaje digital: de interactividad arbórea e hipermedia…

¿Qué son los nuevos medios?

Explica Lev Manovich en las primeras líneas del capítulo 1 de su libro El lenguaje de los nuevos medios de comunicación  que “la comprensión popular de los nuevos medios los identifica con el uso del ordenador para la distribución y la exhibición, más que con la producción” (p.63) Pongamos un ejemplo informativo. Aunque la tendencia está comenzando a cambiar, hasta hace no mucho aquellas noticias que se editaban en los diarios impresos eran subidas a la Red de forma idéntica: calcando cada punto y cada coma. Y a pesar de ser exactamente el mismo texto, escrito por el mismo autor, en el primer caso no hablamos de nuevos medios, y en el segundo, sí. ¿Tiene lógica? Solo si planteamos que los nuevos medios hacen referencia a la exhibición, como bien comenta Lev Manovich.

Sin embargo, los nuevos medios y su lenguaje… ¿no deberían ser mucho más? Así debió pensarlo también Konrad Zuse, quien brindó al ordenador su futuro como medio de comunicación de masas. ¿Qué cómo lo consiguió? Pues con la superposición del código binario sobre el icónico… Si queréis conocer más, podéis acceder al siguiente link: Zuse, el pionero que tuvo la desgracia de ser alemán.

Efectivamente, los nuevos medios son mucho más. Y ahí van dos características que les hacen ser únicos y que no se habían encontrado hasta ahora en ningún otro medio de comunicación:

1. La interactividad arbórea o menú. Sobre esta característica, dice Manovich que “el usuario desempeña un papel activo al determinar el orden en que se accede a elementos que ya han sido creados”. Y también comenta que “tanto los elementos como la estructura del objeto en su conjunto se pueden modificar o generar sobre la marcha”. (p.86)

2. El hipermedia. Según la definición de Halasz y Schwartz, los sistemas hipermedia, “brindan al usuario la capacidad de crear, manipular o examinar una red de nudos que contienen información y que están conectados entre sí en más de un objeto” (citado en Manovich, p.87)

Estas dos características condicionan la lectura de los nuevos medios de comunicación, que ahora es mucho más individualizada y adaptada a los gustos personales. La televisión, la radio, la prensa tienen un gran impacto, llegan a mucha gente, pero la mayoría no está interesada en aquello que ve o escucha. Son por tanto comunicaciones vacías y echadas a perder en muchos casos. Los nuevos medios han posibilitado la navegación de un contenido a otro que cada usuario considerará ‘útil’ e ‘interesante’ porque se adapta a sus gustos. La segmentación es mucho más precisa y así los impactos de las comunicaciones llegan a quién deben llegar. Al menos esa es la teoría.

Sí, los nuevos medios de comunicación y sus lenguajes dan para mucho. La interactividad arbórea y el hipermedia, dos factores que tenemos que tener presente cuando elaboremos una narración, pensada y dirigida para la red. ¿Este blog cumple las dos características? ¿Qué opináis?

Italo Calvino y las historias inacabadas

La fascinación novelesca que se da en estado puro en las primeras frases del primer capítulo de muchísimas novelas no tarda en perderse al continuar la narración: es la promesa de un tiempo de lectura que se extiende ante nosotros y que puede acoger a todos los desarrollos posibles. Quisiera escribir un libro que fuese sólo un incipit, que mantuviese en toda su duración la potencialidad del inicio, la espera aún sin objeto. Pero ¿cómo podría estar construido, semejante libro? ¿Se interrumpiría después del primer párrafo? ¿Prolongaría indefinidamente los preliminares? ¿Ensamblaría con otro, como Las mil y una noches?

Así explica el mismo Italo Calvino el enorme reto que supuso su obra Si una noche de invierno un viajero. Escribir una novela que incluye diez. Una novela que guarda la intensidad de la espera, la emoción del “qué pasará”, diez comienzos de novela en una sola. La obra de Calvino encierra una nueva forma de contar historias. No se limita a relatar hechos y acontecimientos reales o imaginarios, sino a conversar con el lector ofreciéndole una visión mucho más amplia de la historia relatada. Los motivos por los que un personaje actúa de una forma y no de otra, los razonamientos que han llevado al escritor a enviar al personaje por una senda o por otra. El conocimiento de todo lo que se halla detrás de la novela en sí aporta al lector una visión de la obra completamente diferente a la visión tradicional: narrador omnisciente o en tercera persona.

Los límites de la creatividad son amplios; las formas de narrar, infinitas. Estamos acostumbrados a un esquema riguroso, que se reproduce sistemáticamente en las obras literarias y cinematográficas: presentación, nudo y desenlace. Buscamos el desenlace en todo lo que nos cuentan. Y, sin embargo, ¿es posible que no existan los finales totales? ¿Es posible dejar una novela o una narración inacabada? ¿La narración digital lo permite? Yo creo que sí, que permite prácticamente todo. ¿Y vosotros?

Lectores, ¿queréis construir vuestra lectura?

Hace ya bastantes años que mi padre, emocionado tras su lectura, me dijo que tenía que leer Rayuela. Por aquel entonces, los libros eran mi pasatiempo favorito (no es que ahora no lo sean, pero el tiempo escasea más), así que decidí ponerme manos a la obra y empaparme el libro de principio a fin. Bueno, al menos, ¡eso creía!

Lo cierto es que la historia es compleja para esa niña que fui y lo cierto es que no recuerdo mucho: recuerdo a Horacio y a Lucía, La Maga, mejor dicho, y Talita… Recuerdo también París… pero no mucho más. Lo que sí que recuerdo es que me fascinó esa forma de contar la historia o, mejor dicho, las dos historias. Porque Rayuela son dos historias en una sola. La combinación de narración ficticia, poesía, noticias, cartas y todo ello embalsamado con un idioma nuevo que creó Cortázar.

Se trata de una forma de relato no-lineal (al menos uno de ellos) anterior a lo que hoy conocemos como tal. Según el artículo Antecedentes del relato digital, actualmente se habla de la teoría de Intertextualidad y Transtextualidad, que plantean un texto abierto sin comienzo ni final que se nutre de las aportaciones de cada enlace o hipertexto existente.

El autor del artículo habla también de la teoría de la recepción, según la cual “asistimos a un cambio de la reflexión de fenomología de la lectura de modo que esta deja de concebirse como un acto pasivo para convertirse en un proceso creativo”. Digamos que ahora el discurso, o su percepción-recepción, permite que el lector tome las riendas de la narración siendo él el protagonista de su propia lectura… dado que será él quien escoja la pieza que continuará leyendo (el enlace oportuno) según sus gustos y motivaciones.

Así, el emisor deja de tener la capacidad de mover los hilos de sus personajes y sus aventuras. Deja de ser el creador de cada situación, calamidad o victoria, y da paso a un nuevo sentido narrativo en el que el lector toma el control.

Porque estamos hechos de historias… historias interminables

El periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano, recientemente fallecido, escribió una vez: “Los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias”.

Historias. Siempre historias. Historias reales o imaginarias. Historias que mantenían vivas los juglares en los tiempos remotos e historias que se comparten en la Red hoy en día. Historias escritas e historias narradas. Historias que se encuentran escondidas en cientos de canales de transmisión: sea una palabra, una imagen o un sonido tal vez. Hoy, las formas de contar historias son interminables, aunque Michael Ende creara la suya particular en 1979.

La Historia Interminable fue diferente. Una de esas formas de narrar que rompieron esquemas y que, sin los medios tecnológicos actuales, innovaron en la búsqueda de nuevos enfoques narrativos. Algo que queda demostrado simplemente al abrir uno de sus ejemplares. La Historia Interminable está editada a dos tintas. “Un recurso sin mucha originalidad”, pueden pensar hoy ciertos lectores, pero resulta que por aquel entonces todavía no se les había ocurrido a tantos autores. Y es que en una historia tan importante es lo que se cuenta como la forma de hacerlo.

historia interminable

La Historia Interminable es una historia dentro de otra historia. Algo así como Las Mil y Una Noches. Una historia que enlaza con otra, que nos remite a otra distinta. Una historia dentro de otra y de otra y de otra más. Tantas historias, que durante la lectura al final casi perdemos la noción de lo que estábamos leyendo en un principio. ¿A alguien le suena todo esto?

Las Mil y Una Noches, o La Historia Interminable (en versión más reducida), es claramente una narración no lineal, un antecedente del hipertexto que conecta la Red, permitiéndonos navegar entre innumerables historias.

¿El hipertexto no es entonces tan novedoso cómo parece? Rodríguez Ruiz, en su artículo “Teoría, práctica y enseñanza del hipertexto de ficción: El relato digital”, reflexiona acerca de las infinitas posibilidades textuales en la era digital: “Podría hablarse de narrativa digital en múltiples sentidos: narrativa hecha con los dedos, narrativa hecha con números o dígitos, narrativa disuelta en la vitualidad electrónica. De hecho, esos tres sentidos tienen mucho que ver entre sí y con el tipo de “textos” de los que trata este estudio: los hipermedia literarios o, de otro modo, siguiendo a Susana Pajares, con las posibilidades de la narrativa hipertextual”.

Puede que la historia dentro de la historia ya existiera en las mentes de los escritores de antaño, pero es ahora cuando toma verdadero significado. La Red, ese vasto espacio de reflexión, donde se comparten conocimientos e historias, ya sean reales o imaginarias, es hoy el libro infinito, la historia interminable que no tiene comienzo ni fin.

La historia de nuestro propio mundo. Hablamos del Big Bang, pero… ¿quién sabe si ese fue el comienzo? Y también de la Apocalipsis, quizás porque nos resulta complicado pensar que si nosotros tenemos un final, el mundo no lo tenga.

Bienvenidos a mi blog, un blog que comienza hoy, pero que la Red se encargará de mantener vivo por siempre a través de esas curiosas grapas denominadas hipertextos.