Harold, su lápiz color morado y el storytelling

Estamos hechos de historias. Nuestras vidas son relatos entrelazados, de tal forma que si yo contase una de esas historias, ésta involucraría a alguien más… y cada vez, la historia se iría haciendo más y más larga hasta englobar al común de los mortales. Así que ya veis… Parece que nuestras vidas no difieren tanto del hipertexto.

Es quizás esta innegable unión a la historia, al relato, al cuento, lo que nos hace embelesaros ante ellas. Porque nos sentimos parte de ellas. Porque vemos reflejado nuestro mundo y nuestras sensaciones más profundas. Las marcas lo saben y lo utilizan. ¿Contra nosotros? ¿Acaso nos manipulan? ¿O somos nosotros los ingenuos?

Christian Salmon, en su obra “Storytelling”, nos cuenta que “El storytelling management (STM) ha sido adoptado por grandes empresas como Disney, McDonald’s, Coca-Cola, Adobe, IBM, Microsoft… Ocupa regularmente la portada de la Harvard Business Review, de The Economist o del Wall Street Journal y ha conquistado a los mánager de quinientas grandes empresas según la clasificación de Fortune” Parece que el relato está aquí y poco podemos hacer contra él.

El storytelling juega con nuestros recuerdos y anhelos, con nuestro miedo a qué pasará mañana. La acción, el futuro, los valores, el humor y la sátira y, en definitiva, todo lo que somos: personas. Así clasifica Steve Denning las historias útiles para el mundo corporativo, para la venta, para el marketing. Porque sin ese producto no vas a ser nunca realmente feliz. ¿Qué más puede pedir Coca-Cola si se ha apropiado de la palabra más deseada en este mundo? ¿Y es posible que realmente ese líquido marrón sea una fórmula mágica que nos aporte esa sensación?

Como dice Salmon: “No se trata por lo tanto de transmitir un conocimiento objetivo accesible a todos por la razón, sino de convertir a verdades ocultas que atañen a la fe y no a la razón” y continúa: “La propaganda ya no debe sólo modificar o influir en la opinión de un individuo, sino el conjunto de sus creencias y de sus hábitos: su cultura, su ideología, su religión“.

Y de todo esto es capaz esa historia que tanto se parece a lo que nosotros vivimos en tiempos pasados (y como no, siempre mejores) y queremos volver a vivir. Por eso, bebemos Coca-Cola y, por eso, las historias siempre serán cosas de adultos y no sólo de niños: por nuestros anhelos. quiero saber qué pasará con mi vida.

Razón de más para esperar con deseos a que Harold termine de pintar con su lápiz morado, porque yo también quiero saber qué pasará con mi vida. Pero cuidado, porque todas esas historias pueden ser o no ser reales, y como bien las denomina Salmon son “armas de distracción masiva”.

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